¿Por qué algunas personas sienten que ya no se recuperan igual que antes?

Lole García
Lole García

Muchas personas tienen dificultades con la recuperación después de una transición vital, especialmente tras una separación, menopausia o periodo de estrés intenso. Hay una frase que escucho con frecuencia.

Personas que atraviesan una separación, una reinvención profesional, la menopausia, una etapa de estrés intenso o simplemente una época complicada de la vida me dicen:

«No sé qué me pasa. Antes podía con todo.»

Y no siempre hablan de una enfermedad.

Muchas veces hablan de algo mucho más difícil de explicar.

Se sienten cansadas.

Les cuesta concentrarse.

Necesitan más tiempo para recuperarse.

Sienten que cualquier contratiempo las desborda.

Y, sobre todo, tienen la sensación de que su cuerpo ya no responde como antes.

Lo curioso es que muchas de estas personas creen que el problema es la falta de disciplina.

Piensan que deberían esforzarse más.

Ser más fuertes.

Dormir menos.

Trabajar más.

Aguantar mejor.

Pero ¿y si el problema no fuera la falta de fuerza de voluntad?

¿Y si el problema fuera que llevas demasiado tiempo gastando más recursos de los que eres capaz de recuperar?

Reconstruir una vida también requiere energía

Cuando hablamos de reconstrucción personal solemos pensar en emociones.

Cuando hablamos de reconstrucción económica solemos pensar en dinero.

Cuando hablamos de cambios solemos pensar en decisiones.

Pero existe algo que pocas veces tenemos en cuenta:

La capacidad de recuperación.

Porque resulta muy difícil reorganizar unas finanzas, construir hábitos saludables, iniciar un proyecto nuevo o sostener una separación cuando sentimos que vivimos permanentemente agotados.

La energía no lo es todo.

Pero sin energía resulta mucho más difícil hacer cualquier cosa.

Mujer caminando junto al mar

La energía no lo es todo.

A veces el problema no es la falta de voluntad

Muchas personas creen que deberían esforzarse más.

Sin embargo, en ocasiones el problema no es la motivación.

El problema es que llevamos demasiado tiempo gastando recursos sin dedicar suficiente tiempo a recuperarlos.

Para entenderlo mejor, me gusta utilizar una metáfora.

El castillo de los mil escudos explicación de la recuperación y el glutatión

El castillo de los mil escudos

Hace mucho tiempo existía un enorme castillo rodeado de bosques, montañas y caminos.

Era un castillo fuerte.

Sus murallas eran gruesas.

Sus torres eran altas.

Y dentro vivían miles de habitantes que trabajaban, aprendían, soñaban y construían cosas maravillosas.

Lo que casi nadie sabía era que la verdadera fuerza del castillo no estaba en sus murallas.

Estaba en sus escudos.

Miles y miles de escudos protegían el castillo cada día.

Porque cada mañana, cuando salía el sol, comenzaban a llegar flechas desde el exterior.

Algunas eran pequeñas.

Otras más grandes.

Unas se llamaban Estrés.

Otras se llamaban Falta de Sueño.

Otras se llamaban Preocupaciones.

También llegaban flechas llamadas Contaminación, Mala Alimentación, Enfermedad y Cansancio.

Y había una arquera muy silenciosa que nunca descansaba.

Se llamaba Tiempo.

Cada una de aquellas flechas golpeaba las murallas.

Y cada vez que una flecha llegaba, un escudo absorbía parte del impacto para proteger el castillo.

Cuando el castillo era joven tenía tantos escudos que nadie pensaba en ellos.

Parecía que nunca se acabarían.

Pero los años fueron pasando.

Y las flechas seguían llegando.

Día tras día.

Año tras año.

Sin descanso.

Los escudos hacían su trabajo.

Protegían.

Absorbían impactos.

Defendían las murallas.

Pero poco a poco el almacén empezó a vaciarse.

No porque alguien robara los escudos.

No porque el castillo hubiera olvidado fabricarlos.

Simplemente porque se utilizaban continuamente.

Un día los habitantes comenzaron a notar algo extraño.

Las murallas seguían en pie.

Pero parecían menos resistentes.

Las reparaciones tardaban más.

Los soldados se cansaban antes.

Y los habitantes repetían una frase cada vez más a menudo:

«No sé qué me pasa. Antes podía con todo.»

Preocupado, el rey reunió a los sabios.

Y tras investigar descubrieron algo importante.

El problema no eran las murallas.

El problema era que los herreros tenían cada vez más dificultades para fabricar nuevos escudos.

Y no porque hubieran olvidado cómo hacerlo.

Sino porque les faltaba materia prima.

El material más importante para fabricar aquellos escudos se llamaba cisteína.

Sin ella no podían construir nuevos escudos.

Por muy buenos que fueran los herreros.

Entonces una niña del reino levantó la mano.

— Señor sabio… ¿qué podemos hacer?

El anciano sonrió.

— Hay algo que muchos olvidan.

No todas las flechas son inevitables.

Los habitantes se miraron sorprendidos.

— ¿Cómo que no?

— Algunas sí lo son. El paso del tiempo seguirá existiendo. Habrá desafíos. Habrá cambios. Habrá momentos difíciles.

Pero muchas otras flechas podemos hacer que lleguen con menos fuerza.

— ¿Cómo?

— Descansando cuando el castillo lo necesita.

— Alimentando bien a los habitantes.

— Permitiendo que salgan a caminar bajo el sol.

— Dándoles momentos de calma.

— Aprendiendo a gestionar mejor las preocupaciones.

— Cuidando aquello que entra cada día por las puertas del reino.

La niña reflexionó.

— Entonces… ¿si cuidamos el castillo necesitaremos menos escudos?

— Exactamente.

Porque un castillo bien cuidado gasta menos recursos defendiéndose.

Y puede dedicar más energía a vivir, crecer y prosperar.


¿Quieres profundizar más?

En otro artículo explico con más detalle qué es el glutatión, qué papel tiene la cisteína y cuál es mi opinión completa sobre Immunocal e Immunotec.

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La recuperación también es un hábito

Vivimos en una sociedad que admira mucho la productividad.

Nos enseñan a esforzarnos.

A trabajar.

A aguantar.

A seguir adelante.

Pero pocas veces nos enseñan a recuperarnos.

Y la recuperación no es un premio.

Es una necesidad.

Dormir bien.

Caminar.

Tomar el sol.

Respirar.

Mover el cuerpo.

Comer mejor.

Reducir el estrés cuando es posible.

Todo eso forma parte de la capacidad que tiene nuestro castillo para seguir funcionando.

"Hábitos que favorecen la recuperación física y emocional"

Una reflexión importante

Quizás no estés cansada porque seas débil.

Quizás no te falte motivación.

Quizás no seas menos capaz que hace unos años.

Quizás simplemente llevas demasiado tiempo recibiendo flechas sin darte el espacio necesario para reparar las murallas.

Y si estás atravesando una separación, una reinvención profesional, la menopausia o cualquier otra transición vital importante, esta reflexión cobra todavía más sentido.

Porque reconstruir una vida no consiste únicamente en seguir adelante.

También consiste en aprender a recuperarse.

Y a veces, cuidar el castillo es el primer paso antes de intentar conquistar nuevos territorios.


Cuando el castillo necesita más recursos

Dormir mejor, caminar, reducir el estrés y cuidar nuestros hábitos son algunas de las formas de proteger el castillo.

Sin embargo, algunas personas también exploran herramientas específicas relacionadas con la recuperación y el bienestar celular.

Si quieres conocer una de ellas, puedes leer aquí mi análisis completo sobre Immunocal e Immunotec.

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